Si yo pudiera describir cada una
de las situaciones que me llevaron a este día, seguro no me alcanzaría el café
que me acompaña. La fecha justa que comenzó a aparecer en mi vida podrá haber
sido casi 3 años atrás, de forma profesional y sin mucha interacción éramos
nada y así avanzó el tiempo. La relación no era la mejor, tampoco era mala
supongo, pero siempre hubo un factor externo que me hizo creer que él pasaba de
mi en el sentido profesional. Llegó un correo unos meses después a mi jefe en
ese entonces, el remitente era él invitándome a ir a su país y al final la
situación no se dio porque tenía otros asuntos que atender y mi jefe no aceptó.
Ese año llegó la pandemia, dentro de toda la
vida seguía fluyendo y así transcurrieron algunos meses hasta que llegó una
invitación por LinkedIn, en ese entonces yo no le prestaba tanta atención a esa
red y no fue hasta que revisé el correo
cuando la vi, aún recuerdo comentarlo con un compañero de la oficina porque era
algo inesperado, lo pensé por supuesto pero al final acepté y así pasaron otros
eventos, luego llegó la invitación a un curso de certificación y me emocionaba
volver a retomar ese rumbo que había perdido quizá ya estaba acomodándome, tomé
el examen y todo bien, avancé en otras cosas y la vida siguió.
Unos meses después me di cuenta de
que estaba cansada, si… cansada de seguir en lo mismo y no ver que avanzaba y
entonces decidí cambiarme de trabajo, busqué una opción que me interesó,
apliqué y pasé, pero luego llegó un día, ese día que comenzaría a cambiar todo
o al menos donde se inició a manifestar, tenía la oportunidad de seguir en la
empresa, pero en otra área donde era como “lo inalcanzable”, lo que nadie
hubiera imaginado nunca que llegaría y menos de quien. Mi exjefe me llamó a su
oficina y previo a eso como la relación ya estaba tan dañada solo pensé, seguro
es para despedirme a lo que no le di muchas vueltas tampoco, fui después de un
par de horas para recibir una noticia: tienes una oferta de pasar a x departamento
dentro del equipo de él, sí ese al que yo pensaba que mi existencia pasaba
desapercibida, en ese momento yo dije: “este se lo está inventando”, “no sé con
qué cuento me va a salir ahora” pero no había terminado de acomodar las ideas
cuando ya lo tenía en una videoconferencia diciéndome sobre la oportunidad, la
verdad ni siquiera recuerdo las palabras exactas o cuanto duró, solamente
recuerdo decir “si, no tengo nada que pensar” frase que utilizaría meses
después con él en otra situación. Cuando regresé a mi lugar no lo creía, ni
siquiera sabía que esperar, ¿cuándo iba a ser?, nada, no sabía nada, pero dije
que sí. Ese día por la tarde llegó un correo confirmando la plaza a la que
había aplicado y me pedían una fecha para iniciar, no lo respondí hasta después
de unos días donde agradecía la oportunidad pero que no me era posible
aceptarla; pasaron los días, todo seguía igual y no veía una fecha pronta para
realizar el cambio hasta 4 o 5 meses después. Voy a agregar que no tengo idea
de la razón que me hizo decidir esperar y no irme, siempre había tenido la
determinación que si buscaba otro lugar y la oportunidad se daba no me iba a
detener a pensarlo, ahora que me veo aquí en el presente me auto agradezco por
haber tenido paciencia, quizá por primera vez en mi vida.
Cuando inicié en la nueva
posición todo fluyó, me adapté y tuve apoyo, aunque aún me intimidaba hablarle
o escribirle, una situación rara que quizá el tiempo vaya a explicar o yo al
finalizar este escrito. Pasaron los meses, vinieron proyectos, tareas y luego
la oportunidad de ir a su país a conocer a todos con los que ya trabajaba y sí,
de nuevo: ¡todo eso me estaba pasando a mí! Quizá para muchas personas hubiera
sido normal, cosas del trabajo, pero yo estaba ilusionada y ansiosa. La fecha
se cambió varias veces y en ese ir y venir hasta pensé que no se iba a dar,
pero después de todo llegó el día, ya estaba confirmado y tenía que irme.
Llegué un sábado de mayo luego de
un viaje de muchas horas, pero llegué con una maleta llena de emociones y un
frío que me congelaba, le avisé que ya estaba ahí y que todo bien, acordamos
vernos el siguiente día porque iba a ser mi día de turista y debo reconocer que
esa noche la emoción me sobrepasó tanto que se me hizo difícil conciliar el
sueño. Quisiera hablar de que antes de llegar tuvimos muchas reuniones
virtuales por temas de trabajo, algunas con preguntas personales, pero nunca
saliendo de los límites y la frialdad que nos pone una relación laboral y la distancia,
pero por alguna razón cuando teníamos reuniones a solas se extendían mucho
tiempo sin darnos cuenta, sin poder interpretar la situación.
El domingo me paré temprano,
desayuné y estaba lista, claro me hizo esperar un par de horas, pero al final me
avisaron que ya estaban ahí, esperándome… el momento había llegado. Si los
retratos pudieran captar todo eso que fluye sin que nos demos cuenta ese día al
conocernos en persona y darnos el primer abrazo se hubiera ilustrado una
conexión de energía increíble pero no caímos en la cuenta, diré que no iba solo
pero tampoco esperábamos estar solos, no sabíamos lo que pasaba. Nos pusimos en
marcha y la conversación sólo pasó, nos conocíamos, por ratos ahora en
retrospectiva apostaría que éramos solo nosotros dos.
Fuimos primero por toda la
rambla, por momentos la carretera se alejaba de esa orilla, nuestra primera
parada fue un castillo pequeño, pero fue un bonito escenario para una primera
foto juntos, los tres obviamente, avanzamos y llegamos a un lugar donde había
un pequeño parque con letras, bajamos por un par de fotos y listo continuemos,
ahora podría pensar que nos gustaba más estar en el auto rodando, conociéndonos
y platicando de todo en lugar de bajar en los lugares. Llegamos a otra ciudad
turística en donde decidió que tomáramos el almuerzo, ¿ya dije que le gusta
tomar decisiones? Pues ahí comencé a darme cuenta de que tenía una
determinación en hacer lo que quiere, un don de mando nato. En el almuerzo
salieron algunas bromas, recuerdos y fotos; continuamos en el viaje, tanto que
hasta olvidamos en que íbamos a ir a ver unos leones marinos, llegamos a un
pueblo casi abandonado pero muy bonito donde había un faro, subimos y al final
tuvimos una vista maravillosa y una de las mejores fotos del viaje, aun puedo
recordar la felicidad de estar ahí pero aún no me daba cuenta de la dimensión
de esa felicidad. Caminamos a la orilla del océano al final de la tarde, el sol
estaba por caer y los recuerdos de nuevo fueron espectaculares. Volvimos no sin
antes hacer una parada en una estación de gasolina para tomar algo y luego
pasar a una heladería, si… una heladería a las 6pm con 5 grados o menos de
temperatura, pero ahí estábamos los tres disfrutando un helado y una plática
continua teníamos tantos temas por hablar.
Me hizo pasar uno de los días más
increíbles de mi vida, la compañía, el viaje, la plática me sentía como una
niña en una juguetería con crédito libre. Él dice que las fotos lo reflejan y
estoy de acuerdo, comimos, caminamos, respiramos y fuimos nosotros, seguíamos
siendo tres en el viaje. Hubiera querido congelar el tiempo ahí donde estaba
siendo feliz pero el tiempo no perdona y así el día terminó, me llevaron al
hotel y fin. Me sentía con el alma llena y feliz, con las mejillas con dolor de
tanto sonreír y hasta sin miedos de estar en otro lugar. Por la noche recuerdo
me envió algunas fotos y me dijo que le gustaba mucho una en especial, la del
faro donde estábamos los tres, lo vi como algo normal pero ahora me doy cuenta de
que yo no supe ver o quizá no quería ver lo que era evidente.
Llegó el lunes, el primer día que
tenía que ir a la oficina a conocer el resto del equipo y bueno una fila de
gente más que no puedo recordar, lo mismo de siempre conoces gente saludas,
sonrisa por acá, beso por allá. Cuando iba de camino un compañero estaba muy
pendiente de mí para esperarme en la entrada, le avisé a él que ya iba de
camino y obtuve una respuesta “nos vemos allá”, nada extraño ¿verdad? en el
fondo esperaba que me esperara él. La mañana pasó tan rápido que aún no puedo
recordar cómo se consumieron esas horas que en algún momento pensé que iban a
ser eternas, pero al contrario cuando me di cuenta ya era hora de almorzar y
para mi sorpresa o desilusión iba a almorzar con alguien más del departamento, no
con él, no con ellos con los que había compartido el día anterior, aún no sé el
sentimiento exacto de ese momento.
Al final de la tarde fuimos a un
almacén de pizzas con la mayoría del grupo, antes de salir de la oficina
necesitaba ir a retocar mi maquillaje y cepillarme no me tardé ni siquiera
cinco minutos y cuando salí ya no había nadie solo él y otro compañero, cuando
salimos de la oficina me preguntó ¿con quién te vas? Por impulso automático
decidí con él. El camino fue corto, o al menos así lo sentí, recuerdo que
cuando íbamos en la carretera surgió un tema de la nada “ayer me preguntabas
qué música me gusta” su respuesta fue que le gustaba toda la música, pero ese
día sonaba Tiziano Ferro con más volumen, se veía feliz y que disfrutaba la
música o quizá ¿el momento en el que estábamos? No tengo idea aún que pasaba
por su mente, pero si recuerdo la fotografía que tomó mi memoria y me sentí
extraña.
Llegamos y todos teníamos un
motivo muy importante para celebrar, su certificación con un nombre bien largo y
complicado que dejaremos en un “Superman de la ciberseguridad” … o algo así y
por otro lado compartir un poco fuera de la oficina y las barreras virtuales, resultamos
sentados a la par. Aunque la conversación era entre todos siempre había
momentos en que se hacían únicamente entre nosotros dos; eligió algunas pizzas
y así transcurrió la noche, entre pizzas y risas ¡fue una alegre cena! Cuando
salimos del restaurante él junto con otros compañeros decidieron ir a comer
helado, yo iba de regreso al hotel, pero al llegar recibí una foto de él
presumiendo su helado ¿buscaba platicar conmigo? No lo sé, esa situación fue
rara para mí, pero solo escribimos un par de líneas más en broma y finalizamos nuestra
conversación, de forma normal, ¿Será que ambos sentíamos una conexión
diferente?
El martes hacía más frío que los
días anteriores, había más viento ese día, yo ya no esperaba que nadie me
recibiera y eso que iba con maleta y todo a la oficina, pero de nuevo el mismo
compañero del día anterior me escribió y cuando llegué ya me estaba esperando,
no había rastros de él en la oficina y de alguna forma sentía que algo faltaba,
quizá hasta llegué a sentir emoción por volver a verlo. Cuando por fin llegó
nos saludamos como los días anteriores un beso y un abrazo corto y cordial,
luego era hora de atender la primera reunión que había programado, un tema que
me interesaba, pero no se dio por una situación externa, pero sí sé que fue la
primera vez que nos vimos a los ojos buscando una explicación en el otro,
teníamos la expresión descompuesta o enfadada.
Regresamos al área donde estaban
todos y compartimos unos dulces que había llevado desde mi país mientras
hablábamos de lo sucedido, luego él quería aprovechar que todos estábamos (la
mayoría al menos) en la oficina para sacar una foto del departamento, nos
dirigimos a la entrada del edificio y nos tomaron algunas fotos, ahora que veo
esas fotografías me doy cuenta de que casi estábamos a la par, pero alguien más
se interpuso entre nosotros, ¡pero qué cosas captan las fotografías! Dicen
mucho más que lo que estamos dispuestos a decir, al menos en lo que puedo ver
de él en las fotografías su sonrisa era sincera, era de orgullo.
Posterior a esa fallida reunión,
nos juntamos de nuevo ahora los mismos que el domingo habíamos pasado juntos el
día, solo que esta vez era una reunión de trabajo, le salió el profesor que
llevaba dentro y comenzó a dibujar en el pizarrón temas que necesitamos
resolver y luego fue mi turno, me pasó al pizarrón de los acusados, ¡hasta me
sentí como en la universidad de nuevo! Pero todo fluyó, expliqué lo que me
pidió y no sé si lo convencí, pero podría al menos asegurar que se dio cuenta
que la investigación que he hecho sobre el tema no fue solo para cumplir con lo
que me pedía.
Llegó la hora de almuerzo y cuando
estaba por irme con el mismo compañero, que ya decidí le nombraré por C en
adelante. Regresando al punto cuando estábamos por salir a comer nos detuvo en
su oficina y dijo que no le parecía a donde íbamos a comer, que lo esperáramos
porque nos iba a llevar a otro lugar además ya era tarde. Minutos después
salimos y entre plática y bromas llegamos al restaurante, muy bonito y de buen
gusto su elección, está de más decir que la elección de comida fue suya y claro
¡terminé comiendo carne!, muy buena carne. Salimos no sin antes pasar a un
banco y llegamos a la oficina, recién nos estábamos acomodando cuando dijo que
se iba a hacer la maleta, en menos de media hora debíamos de salir al
aeropuerto para nuestro próximo destino. Cuando llegamos al aeropuerto, luego
de pasar por todo el trámite y estar esperando en la sala decidimos ir comprar
algunas cosas, yo buscaba entre otras cosas un maquillaje y casualmente estaba
a la par de donde él veía algunas lociones, recuerdo que me sonrojó frente a la
vendedora por un piropo que dio y yo pensé “¿será que ese es su estado normal?”
ósea me refiero a que si normalmente era coqueto con las mujeres, pero no le di
muchas vueltas, vimos en conjunto unas lociones para él, le di mi opinión y
luego llegó la hora de irnos. En el vuelo estuvimos separados y hablamos hasta
que llegamos a nuestro destino, a partir de ahí desde que bajamos del avión
sentí como me cuidaba y se preocupaba por mí, “no te quedes atrás”, “camina
aquí”, “dame tu maleta”.
Llegamos al hotel luego de
esperar en el aeropuerto el taxi, esperar en el hotel al recepcionista y cuando
nos asignaron nuestras habitaciones que obviamente no estaban contiguas sucedió
otro momento extraño, a ellos dos los dejaron en una habitación normal, a mí
por no sé qué cosas de la vida me dieron un “upgrade” y me asignaron un
apartamento, esas cosas uno no las puede hilar cuando suceden, pero todo tiene
un por qué y para qué, cosa que íbamos a ir descubriendo con el pasar de los
días. Antes de ir a su habitación decidió que debían de acompañarme a la mía y
revisar que todo estuviera bien, seguíamos siendo tres, al llegar notamos que
había otra cama algo que de forma cordial ofrecí por si su habitación no estaba
bien, dijimos algunas bromas y salieron de ahí no sin antes acordar que íbamos
a ir a cenar en unos minutos.
Cuando nos volvimos a reunir, decidió
que cenaríamos en una cafetería cerca del hotel, hacía frío así que caminamos
rápido, yo no tenía hambre en realidad iba por un café, pero luego dijo “voy a
pedir vino” y ahí fue otro momento importante para que las piezas se acomodaran
luego, le dije que si él pedía vino yo también quería, en realidad me servía más
el vino que el café para entrar en calor, además emocionalmente lo necesitaba. Pidió
una botella, C pidió boquitas y así pasó la cena ¿nada extraño verdad? ninguna
situación que pudiera hacernos ver lo que venía, regresamos al hotel y ahí se
terminó nuestra comunicación. La mañana siguiente cuando iba a ir a desayunar
ellos ya estaban en eso, no me había esperado y sentí algo de tristeza más
porque él tampoco me escribió ¿Qué me pasaba? No sabía lo que venía minutos y
horas después.
El taxi llegó y esta vez íbamos
solos en la parte de atrás, C iba adelante aislado en su mundo y para nosotros en
ese momento inició una conversación normal, su vida, mi vida, fotos y una
pregunta ¿cómo haces para no caer en la rutina?” no sé si son las palabras
exactas pero lo recuerdo, me había dejado sin palabras, tenía que recapitular
mi vida de 8 años en una simple respuesta que no dejara ver lo que internamente
venía sintiendo los últimos meses, sé que di una respuesta vaga y luego
continuamos hablando de otras cosas, ¿estaba tratando de enviarme una señal?,
no lo sé según voy recordando los eventos, voy tratando de hilar preguntas y
situaciones aisladas.
¿Qué sentía para ese momento?
Pues ya sentía una sensación extraña de pensar que ese día él nos dejaba ahí y
que volvería hasta el viernes, dos días después tampoco era una eternidad, pero
algo en mi estaba diferente, algo lo extrañaba en silencio, quería sentirlo
cerca y luego mi subconsciente me traicionó, recuerdo que hasta lo acompañé a
la salida, hablamos del trabajo y nos despedimos, sin más con la prisa del
momento, quizá yo necesitaba ese abrazo, uno más largo o solo era que las
despedidas nunca me han gustado.
Ahora voy a sacar el lado cursi porque
lo que se viene es algo increíble al menos para mi hasta hace unos días. Algunas
veces me he enganchado con una serie romántica, de esas que llega un amor que
revuelve todo el presente del protagonista, se enamoran en el momento, están
juntos, llega un problema, se separan, lo superan y llega el famoso “y vivieron
felices para siempre llega” ni siquiera sé por qué las he visto ¿será que
internamente lo anhelaba?, pues la sociedad nos intenta vender eso como lo que
debemos de vivir y hasta cierto punto lo buscamos con la estabilidad de una
pareja, un hogar, un algo que te indique que así está bien y también está la
parte de tus principios, la sociedad donde estás o tus amigos que de alguna
forma te diga que estás viviendo la vida perfecta. Yo nunca creí que un amor
llegaría a revolucionar mi vida, las convicciones que tenía, mis decisiones y en
este momento creo que no puedo dimensionar todo lo que ha causado, nunca lo
esperé porque pensé que ese anhelo interno existía por todo lo que me intentaban
vender en la televisión. Cuando escuchas a la gente hablar sobre su vida
sentimental, al menos en mi caso nunca nadie me contó sobre un amor que te
revoluciona la vida, a excepción como digo de las novelas.
En retrospectiva, tendría que
contar otro hilo de historia para llegar a la conclusión de cómo me sentía hace
unos meses ya, pero no quiero escribir sobre eso así que me limitaré a decir
que había un vacío en mí, un vacío que creía no podía llenar porque pensaba que
yo estaba pidiéndole demasiado a la vida: ya tenía el trabajo que quería, la
estabilidad económica, mi carrera profesional va bien, mi vida sentimental estable,
familia, las amistades que elegí ¿qué más quería? Me culpaba por sentirme así y
trataba de esconder ese sentimiento y a veces solo pensaba en querer
desaparecer unos días, sin nadie, con un libro y un café. Pero un día llegó él, ¿fue una casualidad?,
una serie de eventos que nos llevó a coincidir en esta línea del tiempo, un
amor que causó un movimiento tan grande en mí y no hablo de la parte sexual que
más adelante explicaré con el detalle que recuerdo, hablo de la parte
emocional, del alma, desde esa parte interna que te hace sentir llena. Hablo de
ese amor del que no te puedes despedir, del que una vez te reconoce y si digo
te reconoce porque ¿en otra vida podríamos haber sido el amor de nuestra vida?
Esos que quizá prometieron volver a encontrarse, un amor que puede traspasar
las barreras del tiempo, la distancia y a la sociedad.
Se fue, pero la historia
continuaba…